El Parque Cristóbal Colón, en la oriental provincia de Holguín,
sitio cargado de historia y también de belleza natural que conmovió a
Cristóbal Colón, cuenta con suficientes atractivos para el desarrollo
de programas de turismo de naturaleza, pues tiene excelentes playas y
una muy rica y peculiar flora y fauna.
La infraestructura del lugar reúne más de tres parques y un centenar
de senderos a recorrer a través de más de 40 kilómetros de costas
acantiladas, donde puede disfrutarse de 13 playas —como las de
Guardalavaca, Esmeralda y Pesquero—, seis bahías, tres ríos, siete
cayos, unas 170 cuevas y numerosos sitios arqueológicos. A ello se unen
bosques naturales y la cercanía del Parque Recreativo-Cultural Chorro
de Maíta. Además el sitio posee una extraordinaria plataforma
submarina, con varias barreras coralinas y pecios hundidos.
Desde ese retiro es posible admirar dos de los sitios más llamativos
de la geografía holguinera: la silla de Gibara, montaña nombrada así
por el Almirante, debido a su semejanza con una silla de montar a
caballo, y la mezquita de Colón, sitio que recrea una hermosa leyenda
andaluza. Otros lugares significativos son los cerros Alto y Los
Portales.
Hoy constituye un hecho confirmado que la bahía de bolsa de Bariay
fue el primer punto de nuestra geografía tocado la Niña, la Pinta y la
Santamaría, las tres naves comandadas por Cristóbal Colón —razón por la
cual el sitio ha sido convertido en Monumento Nacional— y la belleza de
su entorno se enriquece con el rescate de la historia y los denodados
esfuerzos por devolver su apariencia original al lugar.
Se entra al parque por el fortín español, pequeña construcción
aparecida durante la Guerra de Independencia (1895-1898), enteramente
construida de madera dura y montada sobre pilotes; con piso de
tablones, techo de madera forrado de hojas de palma, que cuenta también
con aspilleras. En su interior se conservan objetos de los que
utilizaban en aquella época los españoles.
El sitio donde fondearon las naves de Colón está marcado por una
boya, la cual presenta una banderola en su parte superior con el escudo
de armas del Almirante. Desde allí pudieron ver los navegantes las
techumbres de las casas de una aldea aborigen. Desde allí ordenó Colón
echar anclas y mandó desembarcar para llegar a tierra y tomar posesión
en nombre de los Reyes Católicos.
Fueron, precisamente, las excavaciones arqueológicas realizadas por
el Dr. José Manuel Guarch del Monte (1931-2001) y sus colaboradores
—quienes con anterioridad habían descubierto la aldea y cementerio
taínos de Chorro de Maíta— las que pusieron al descubierto los restos
de la aldea de pescadores que halló Colón en su primer viaje, y de la
cual se ha realizado una réplica, muy cerca del museo levantado justo
donde se encontraron las evidencias arqueológicas, la cual ofrece una
muestra de la vida, costumbres y forma de vida de aquellas comunidades.
De entonces a acá, nuevos hallazgos arqueológicos se han concretado
como parte de una política dirigida a rescatar el patrimonio histórico
y cultural, y potenciar su conocimiento, protección y manejo adecuado.
Otra importante construcción, en el extremo más alejado del parque y
ya junto a las aguas del Atlántico, es el Monumento Conmemorativo del
Medio Milenio del Encuentro entre las Dos Culturas, hecho que no puede
dejar de tenerse en cuenta por su extraordinario significado histórico,
aunque haya venido cargado de barbarie. El monumento —obra de la
artista plástica holguinera Caridad Ramos— presenta las ruinas de una
construcción neoclásica europea junto a la réplica de objetos hechos
por los nativos y encontrados en las excavaciones cercanas, para
mostrar de forma concreta el encuentro, todo ello en medio de una
exuberante naturaleza bien cubana.
Sin duda, no pudo imaginar el navegante genovés que, más de 500 años
después, esta seguiría siendo la tierra que le hizo exclamar "[…] nunca
tan hermosa cosa vido […]".
Fuente: CubAhora