Se le veía triste al hombre de cabellos blancos. Cada tarde a las seis acudía, como ahora, al sitio donde dio sepultura a su primer y único perro. Aquel perrito abandonado que recogió el 19 de mayo de 1995 fue bautizado como Trompy. Lo hizo en homenaje al payaso Trompoloco, personaje que dio colores a su mundo infantil.
Andrés Castañeda, promotor del «camposanto» canino. Riega las plantas de vicaria blanca y morada que ha sembrado alrededor de la sepultura. Acomoda el retrato del perro poddle cruzado con maltés.
Ahora mira a su alrededor, en la superficie se ven piedras, hojas secas y algún que otro hueso animal. Rememora la mañana del 2 de octubre de 2004 cuando, machete en mano, se abrió paso en la maleza. Cavó un hoyo donde depositó a Trompy. Transcurrido un tiempo, como prueba de su amor y desafiando la «racionalidad» construyó para su mascota una bóveda. Fundió una placa, y la azulejeó para brindar solemnidad al sitio de su perro. Más de una vez la ha rehecho y ha asistido a quienes llegan en busca de sepultura para sus canes muertos.
En Yoan Rodríguez Suárez, Andrés encontró a un aliado protector de los animales. El joven policía recuerda la mañana en que Andrés le pidió permiso para dar sepultura al perro en el terreno que limita con su casa.
Al principio no pocas personas le solicitaron a Yoan su consentimiento. Luego, se hizo costumbre llevar a las mascotas a «descansar allí». La gente escogió el sitio a su antojo y cada cual dio sepultura según sus posibilidades. Algunas son bóvedas de granito o losa, las hay con nicho como la de Trompy.
Hay cruces improvisadas hechas a partir de ramas secas y no pocas pasan inadvertidas entre la hojarasca y la basura arrojada por los transeúntes.
El «cementerio» se extendió hasta casi toda la cuadra. No pocos transeúntes la llaman la calle de los perros.
Confiesa que desconocía la existencia en la capital de este singular cementerio para perros, asegura que en nuestro país no existe oficialmente un sitio con este fin y especifica: «Es responsabilidad y deber de cada dueño dar sepultura a sus mascotas».